Julio:
Sos uno de mis mejores clientes y un amigo de toda la vida. No me podes pedir que ponga esos tipos de carteles, que le faltan el respeto al lema de mi negocio: “Toque y pruebe, las mejores frutas y verduras de Santa Lucia”. Me extraña, ya lo deberías saber.
Amigo mío, te estoy pidiendo un favor, que no posee solución, con la excepción de eliminar ese cajón. El otro día encaré a la madre del demonio chiquito, que resultó ser tan mal educada que ella. Me dijo, sin ningún descaro, que su hija no hacía nada malo, que solamente decía la verdad. Después de escucharla me dieron unas ganas de pegarles, a ambas, un grito, pero me contuve.
Se que estamos a fin de mes y que los números no cierran, por eso te ruego que te lleves la mercadería. No te preocupes por la paga, haz lo cuando puedas y como quieras, ¿Qué opinas?
Al mismo tiempo no estarías obligando a los chicos a comerlas, sino, todo lo contrario, tentándolos, porque ellos aman esa fruta y más aún Laly, siempre que pasa a saludarme o a comprar le regalo una.
Por ultimo no me des ningún número de teléfono de ese tal psicólogo. Sabes que mi opinión hacia esos profesionales no es muy positiva: Son unos chantas, corruptos que te consideran “loco” y lo único que quieren es robarte tu dinero.
Bueno amigo, espero una respuesta y no voy aceptar una negativa como tal.
Saludos atte.
Pedro.
jueves, 8 de octubre de 2009
Estimada Alma:
Gracias por tener tanta admiración, hacia mi persona y definitivamente es un placer responder las cartas de mis fieles oyentes, como usted.
Por favor permítame que lea su última carta en la radio, sin ofenderla. Con el motivo de comentar sobre el tema del “corazón enfermo”, nuevamente. En mi opinión de periodista experimentado, no coincido con usted en considerar, que esta pobre gente, no tenga corazón. Actúan de esa manera por causa del sistema, que los condenó a no poder utilizarlo, pero sí lo tienen, pero dolido, infectado por tanta discriminación. Esa chica no prefiere que su bebe se muera de hambre, sino que se sintió humillada al recibir su ayuda. ¿A quién le gusta que le regalen algo, sin merecerlo? Desde chicos nos enseñan que las cosas se ganan con el sudor de nuestras frentes, trabajando. Ella seguramente desearía trabajar, en vez de que le den medio paquete de fideos. Igualmente no la justifico en la manera en que la trató. Pero indudablemente responden de la misma manera, en que los trata la sociedad: Con insultos, risas burlonas y sobre todo con miradas de desprecio, por ser diferentes, pobres, por no tener educación, un techo digno donde vivir, entre otras carencias.
Como ya he mencionado en la otra carta, los políticos deberían curar su corazón. Darles educación, viviendas dignas y generar trabajo, para esta gente. Y de esta manera, las personas más humildes, también, podrán curaran su corazón.
Alma, me gustaría que se comunique con la producción de mi programa, para que podamos establecer un dialogo mutuo sobre este tema tan interesante. Para mí sería un honor que una oyente tan calificada, como usted, +de su opinión públicamente. El número es: 448855-88555, si no puede llamar, acérquese a la radio, que se encuentra sobre la calle Cochabamba 555, Ushuaia. O envíeme otra carta con su número telefónico y yo, personalmente me estaré comunicando a la brevedad.
Desde ya, muchas gracias.
Jorge Gonzalez.
Gracias por tener tanta admiración, hacia mi persona y definitivamente es un placer responder las cartas de mis fieles oyentes, como usted.
Por favor permítame que lea su última carta en la radio, sin ofenderla. Con el motivo de comentar sobre el tema del “corazón enfermo”, nuevamente. En mi opinión de periodista experimentado, no coincido con usted en considerar, que esta pobre gente, no tenga corazón. Actúan de esa manera por causa del sistema, que los condenó a no poder utilizarlo, pero sí lo tienen, pero dolido, infectado por tanta discriminación. Esa chica no prefiere que su bebe se muera de hambre, sino que se sintió humillada al recibir su ayuda. ¿A quién le gusta que le regalen algo, sin merecerlo? Desde chicos nos enseñan que las cosas se ganan con el sudor de nuestras frentes, trabajando. Ella seguramente desearía trabajar, en vez de que le den medio paquete de fideos. Igualmente no la justifico en la manera en que la trató. Pero indudablemente responden de la misma manera, en que los trata la sociedad: Con insultos, risas burlonas y sobre todo con miradas de desprecio, por ser diferentes, pobres, por no tener educación, un techo digno donde vivir, entre otras carencias.
Como ya he mencionado en la otra carta, los políticos deberían curar su corazón. Darles educación, viviendas dignas y generar trabajo, para esta gente. Y de esta manera, las personas más humildes, también, podrán curaran su corazón.
Alma, me gustaría que se comunique con la producción de mi programa, para que podamos establecer un dialogo mutuo sobre este tema tan interesante. Para mí sería un honor que una oyente tan calificada, como usted, +de su opinión públicamente. El número es: 448855-88555, si no puede llamar, acérquese a la radio, que se encuentra sobre la calle Cochabamba 555, Ushuaia. O envíeme otra carta con su número telefónico y yo, personalmente me estaré comunicando a la brevedad.
Desde ya, muchas gracias.
Jorge Gonzalez.
Banfield, Buenos Aires. 16 de Enero de 1989
Julián:
¿Cuántas veces te pedí que me llevaras contigo? ¡Ahora te quejas de la distancia y te gustaría que esté ahí! Bueno, no importa, igualmente te sigo queriendo.
En mi opinión, tu mamá tiene razón, la gente del interior son todos brutos, negritos e ignorantes. A su vez le resulta imposible distinguir lo que es “La Capital”, con el “Gran bonaerense”. Al mismo tiempo te miran mal, porque te ven raro: lindo con unos ojos iguales al cielo, y seguramente, ellos son: feos, de tez oscura y ojos haciendo juego. A pesar de que todos seamos personas, vos sos distinto, amor, sos superior, civilizado e inteligente. A diferencia ellos lo único que poseen es envidia, por tus cualidades bellas: rubio, joven, exitoso. Y, aunque te manches la cara con barro, seguís siendo el mismo que nació en Banfield, que fue al mejor colegio, que posees otra cultura mucho más elevada, que mal que te pese no la vas a poder cambiar.
L a próxima vez que me escribas, contarme algo realmente “grosso” no esta tontería de “sentirte tan negrito como ellos”. Porque yo aunque me embarre todita, no voy a sentirme nunca como ellos, tan atrasados., tan inferior, tan poca cosa… Si te vas a vivir a Corrientes, no cuentes conmigo. No lo toleraría, perdóname por ser prejuiciosa, pero soy así. Yo tampoco voy a juzgarte por pensar de esta forma.
Te extraño mucho mi amor, vuelve prontito…
Siempre tuya.
Andrea.
P.D.: Sí, me pongo celosa de esa negra zaparrastrosa que te calló simpática. ¡Ojo!
Julián:
¿Cuántas veces te pedí que me llevaras contigo? ¡Ahora te quejas de la distancia y te gustaría que esté ahí! Bueno, no importa, igualmente te sigo queriendo.
En mi opinión, tu mamá tiene razón, la gente del interior son todos brutos, negritos e ignorantes. A su vez le resulta imposible distinguir lo que es “La Capital”, con el “Gran bonaerense”. Al mismo tiempo te miran mal, porque te ven raro: lindo con unos ojos iguales al cielo, y seguramente, ellos son: feos, de tez oscura y ojos haciendo juego. A pesar de que todos seamos personas, vos sos distinto, amor, sos superior, civilizado e inteligente. A diferencia ellos lo único que poseen es envidia, por tus cualidades bellas: rubio, joven, exitoso. Y, aunque te manches la cara con barro, seguís siendo el mismo que nació en Banfield, que fue al mejor colegio, que posees otra cultura mucho más elevada, que mal que te pese no la vas a poder cambiar.
L a próxima vez que me escribas, contarme algo realmente “grosso” no esta tontería de “sentirte tan negrito como ellos”. Porque yo aunque me embarre todita, no voy a sentirme nunca como ellos, tan atrasados., tan inferior, tan poca cosa… Si te vas a vivir a Corrientes, no cuentes conmigo. No lo toleraría, perdóname por ser prejuiciosa, pero soy así. Yo tampoco voy a juzgarte por pensar de esta forma.
Te extraño mucho mi amor, vuelve prontito…
Siempre tuya.
Andrea.
P.D.: Sí, me pongo celosa de esa negra zaparrastrosa que te calló simpática. ¡Ojo!

Jueves 10 de Setiembre del 2009
Estimado cliente:
¡Felicitaciones! Usted ha sido seleccionado para formar parte de nuestro exclusivo y selecto grupo “Vip”.
Te estarás preguntando: ¿Por qué eres tú uno de los elegidos?
Porque nos preferiste siempre. Porque sabes que somos la mejor relojería de la ciudad. Porque te ofrecemos la mayor y la más completa línea de relojes: pulsera, despertadores, cronómetros y de pared. A su vez, en nuestros talleres trabajamos con la más alta calidad en madera de quebracho y pino, importada de los Alpes Suizos, para realizar los relojes de pared más creativos, por ejemplo con forma de patitos, gatitos, perritos, ratoncitos y muchos más, que decorarán las paredes de tu casa dejándolas únicas e irrepetibles, provocando admiración de todos. También hacemos service a todas las marcas, cambios de pilas y mallas en el acto. Además somos los únicos en el mercado, que poseemos las mayor extensión de nuestra garantía en todos nuestros productos.
No pierdas más tiempo. Acércate a nuestra sucursal, ubicada sobre la Avenida Santa Fe al 660, en el barrio de Palermo, con los cupones que se encuentran en el margen inferior, y accede a los increíbles descuentos que te estamos ofreciendo de manera exclusiva.
No desperdicies está oportunidad única de marcar los tiempos más felices de tu vida junto a nosotros.
Saluda atte.
Relojería Ratito- Atendido por sus propios dueños.-
30% de descuento
En la compra de un reloj de pared
jueves, 13 de agosto de 2009
Nota de lectura: Entrevista a Marino Pallasá
Estaba citada a las tres de la tarde, pero tuve que pedir perdón por mí media hora de retraso. Necesitaba tomar valor para enfrentar esta entrevista, en mi opinión el abuelo de mi novio, Marino Pallasá, un inmigrante español, es un hombre raro, difícil de sobrellevar, y un tanto mal humorado, pero accedió a la entrevista sin inconvenientes.
Nos reunimos en living de su casa, un lugar amplio con un ventanal a la calle, cuatro sillones de cuero negro, donde estábamos sentados y una mesa ratona, en el medio sin ningún adorno. Mi novio se encontró presente en toda la entrevista, porque yo se lo había pedido. Su abuela, Alicia, nos sirvió café a los tres y siempre se mantuvo en la cocina.
-No me gusta que me interroguen.
Me dijo con voz firme, amenazante y autoritaria. Continuo de una larga pausa, incomoda, donde mis miradas de pánico atacaban a mi novio, luego respondió:
-Te voy a contar mi historia de vida, si te quedan alguna duda podes hacerme preguntas.
Yo respire. Algo es algo, pensé por dentro y además lo que más importa es dejar hablar al otro. Acepte, moviendo la cabeza porque los nervios no me dejaban decir ni una palabra.
Su vida es interesante, su memoria aun más, no paraba ni un minuto, solo para tomar un sorbo de café o darme tiempo a escribir. Lo interrumpí unas cinco veces, mucho no le gustó, me di cuenta por el gesto en su rostro, pero respondía amablemente.
Estuvo hablando una hora entera, mientras yo anotaba. Al finalizar le comenté que su identidad iba a ser oculta, ya que voy a escribir ficción, pero que su entrevista me sirve para entrar en clima, saber lo que realmente vivió ese inmigrante que voy a construir en mi relato. Él no tuvo problema, y me pidió que se lo enviara cuando esté terminado, para que lo pueda leer. También me dio su número telefónico por si tengo alguna duda.
Me di cuenta, en la entrevista, que mi perspectiva hacia Marino había cambiado, antes lo veía como un hombre amargado, ahora lo veo como un hombre con una vida difícil que merece admiración.
Al llegar a la casa de mi novio, él se ofreció a pasar todo lo que yo había anotado a la computadora. Acepte sin objeciones.
Después de varios días llamé a Marino para agradecerle nuevamente, comentarle como iba el proyecto y hacerle unas preguntas. La charla fue fluida, interesante pero cortante. Me respondió todo, sin excepciones, mientras yo desde mi casa tomaba nota en unas hojas. Antes de cortar me preguntó si ya estaba escribiendo, si tenía alguna dificultad y me volvió a decir que lo llamara por cualquier inconveniente o si necesitaba otra descripción, pero siempre manteniendo la distancia habitual.
Realice esta entrevista para complementar la serie “vientos de agua”. A su vez para tener la posibilidad de tener frente a frente a un inmigrante, sentir lo que siente y lo que sintió así de esta forma lograr ponerme en su mirada. Espero haberlo logrado.
NATALIA RUOTI
Nos reunimos en living de su casa, un lugar amplio con un ventanal a la calle, cuatro sillones de cuero negro, donde estábamos sentados y una mesa ratona, en el medio sin ningún adorno. Mi novio se encontró presente en toda la entrevista, porque yo se lo había pedido. Su abuela, Alicia, nos sirvió café a los tres y siempre se mantuvo en la cocina.
-No me gusta que me interroguen.
Me dijo con voz firme, amenazante y autoritaria. Continuo de una larga pausa, incomoda, donde mis miradas de pánico atacaban a mi novio, luego respondió:
-Te voy a contar mi historia de vida, si te quedan alguna duda podes hacerme preguntas.
Yo respire. Algo es algo, pensé por dentro y además lo que más importa es dejar hablar al otro. Acepte, moviendo la cabeza porque los nervios no me dejaban decir ni una palabra.
Su vida es interesante, su memoria aun más, no paraba ni un minuto, solo para tomar un sorbo de café o darme tiempo a escribir. Lo interrumpí unas cinco veces, mucho no le gustó, me di cuenta por el gesto en su rostro, pero respondía amablemente.
Estuvo hablando una hora entera, mientras yo anotaba. Al finalizar le comenté que su identidad iba a ser oculta, ya que voy a escribir ficción, pero que su entrevista me sirve para entrar en clima, saber lo que realmente vivió ese inmigrante que voy a construir en mi relato. Él no tuvo problema, y me pidió que se lo enviara cuando esté terminado, para que lo pueda leer. También me dio su número telefónico por si tengo alguna duda.
Me di cuenta, en la entrevista, que mi perspectiva hacia Marino había cambiado, antes lo veía como un hombre amargado, ahora lo veo como un hombre con una vida difícil que merece admiración.
Al llegar a la casa de mi novio, él se ofreció a pasar todo lo que yo había anotado a la computadora. Acepte sin objeciones.
Después de varios días llamé a Marino para agradecerle nuevamente, comentarle como iba el proyecto y hacerle unas preguntas. La charla fue fluida, interesante pero cortante. Me respondió todo, sin excepciones, mientras yo desde mi casa tomaba nota en unas hojas. Antes de cortar me preguntó si ya estaba escribiendo, si tenía alguna dificultad y me volvió a decir que lo llamara por cualquier inconveniente o si necesitaba otra descripción, pero siempre manteniendo la distancia habitual.
Realice esta entrevista para complementar la serie “vientos de agua”. A su vez para tener la posibilidad de tener frente a frente a un inmigrante, sentir lo que siente y lo que sintió así de esta forma lograr ponerme en su mirada. Espero haberlo logrado.
NATALIA RUOTI
Aclaraciones mi personaje es más grande .. ahora en esta parte del relato tiene 16 .. y el cuaderno lo recibe a los 12 por aya en el año 1936
18 de Febrero de 1940
Por lo que me contó Francisco, tuve mucha fiebre y estuve así por tres largos días. Además me contó que llamaba a mi madre a los gritos. Él me cuidó como si fuese su hermano, me ponía en la cabeza paños de agua helada, pero no pasaba nada. Tampoco tenía a quién recurrir ya que en el barco no hay ni un solo enfermero o medico. Así que veló por mí todas las noches, haciendo lo poco que podía. Pero resultó la fiebre disminuyo.- Ya estoy curado, fuerte como un roble. Le agradecí a Francisco por lo que había hacho por mi y le dije que era un buen amigo.
Se rumorea en todo el barco que mañana llegamos a las costas de Quilmes… Ya estamos cerca del puerto…
19 de Febrero de 1940
Me desperté. Me encuentro recostado en la colchoneta, el sol recién salió, ya se ve tierra a lo lejos. Nos encontramos como varados, quietos, inmóviles en el agua. Un hombre de la tripulación, con voz de dormido y un poco sacado, nos gritó a todos que en quince minutos viene a revisar el barco y debemos permanecer en los camarotes, porque ellos tienen que limpiar. Obedecemos: los más chicos rezongan, los únicos dos bebes que ahí a bordo lloran, las madres intentan calmarlos y se retiran a su camarote. Los hombres no protestamos, nos levantamos y nos retiramos.
Estamos encerrados, ya son las diez de la mañana. De repente dos hombres, vestidos con uniforme de militar de color caqui, entran al camarote revisándolo todo: las camas, debajo de ellas, el piso, a nosotros para ver si no traemos alguna enfermedad. En mi mente lo único que pienso es “gracias pancho, gracias por curarme”, sino nos iban a mandar de vuelta a España y habría que rendir cuentas ante Franco y sus hombres, y responder la pregunta de rigor que te hacen:” ¿cuál es el motivo de tu partida?” Por último esperar que tu respuesta les guste para que te liberen esos militares inmundos, o por lo contrario esperar la muerte.
-¡Está todo en orden! Grita uno de los argentinos militarizados.
- Sigan me, caballeros. Vamos al comedor que el almuerzo está servido
Lo seguimos sin decir una palabra.
En el comedor hay más de estos señores raros, llevan un escudo en el pecho superior izquierdo que dice Marina Argentina y un lago de dos anclas. Almorzamos lo mismo de siempre, al finalizar nos piden que volvamos al camarote y que no salgamos de ahí ya que ellos tienen que revisar a la tripulación y al resto del barco para ver si no hay ningún polizonte.
El tiempo es letal, ya no sabemos más que hacer, yo estuve hablando con Pancho, así le dicen a francisco y con Marino. En esa charla, que duro como cuatro horas, me entero que Pancho se va a domiciliar en Bernal, perteneciente al partido de Quilmes, yo le comenté que mi hermano se encuentra viviendo en Ezpeleta, también perteneciente a ese partido. Marino no tenía idea a donde iba a parar.
Ahora me encuentro tirado en la cama, alguien entra en el camarote, es uno de los militares diciéndonos que mañana arribaremos en el Puerto de Buenos Aires. De golpe todo lo que antes era aburrimiento, encierro y tristeza se ha convertido en pura fiesta y alegría. El viaje llegaría a su fin.
18 de Febrero de 1940
Por lo que me contó Francisco, tuve mucha fiebre y estuve así por tres largos días. Además me contó que llamaba a mi madre a los gritos. Él me cuidó como si fuese su hermano, me ponía en la cabeza paños de agua helada, pero no pasaba nada. Tampoco tenía a quién recurrir ya que en el barco no hay ni un solo enfermero o medico. Así que veló por mí todas las noches, haciendo lo poco que podía. Pero resultó la fiebre disminuyo.- Ya estoy curado, fuerte como un roble. Le agradecí a Francisco por lo que había hacho por mi y le dije que era un buen amigo.
Se rumorea en todo el barco que mañana llegamos a las costas de Quilmes… Ya estamos cerca del puerto…
19 de Febrero de 1940
Me desperté. Me encuentro recostado en la colchoneta, el sol recién salió, ya se ve tierra a lo lejos. Nos encontramos como varados, quietos, inmóviles en el agua. Un hombre de la tripulación, con voz de dormido y un poco sacado, nos gritó a todos que en quince minutos viene a revisar el barco y debemos permanecer en los camarotes, porque ellos tienen que limpiar. Obedecemos: los más chicos rezongan, los únicos dos bebes que ahí a bordo lloran, las madres intentan calmarlos y se retiran a su camarote. Los hombres no protestamos, nos levantamos y nos retiramos.
Estamos encerrados, ya son las diez de la mañana. De repente dos hombres, vestidos con uniforme de militar de color caqui, entran al camarote revisándolo todo: las camas, debajo de ellas, el piso, a nosotros para ver si no traemos alguna enfermedad. En mi mente lo único que pienso es “gracias pancho, gracias por curarme”, sino nos iban a mandar de vuelta a España y habría que rendir cuentas ante Franco y sus hombres, y responder la pregunta de rigor que te hacen:” ¿cuál es el motivo de tu partida?” Por último esperar que tu respuesta les guste para que te liberen esos militares inmundos, o por lo contrario esperar la muerte.
-¡Está todo en orden! Grita uno de los argentinos militarizados.
- Sigan me, caballeros. Vamos al comedor que el almuerzo está servido
Lo seguimos sin decir una palabra.
En el comedor hay más de estos señores raros, llevan un escudo en el pecho superior izquierdo que dice Marina Argentina y un lago de dos anclas. Almorzamos lo mismo de siempre, al finalizar nos piden que volvamos al camarote y que no salgamos de ahí ya que ellos tienen que revisar a la tripulación y al resto del barco para ver si no hay ningún polizonte.
El tiempo es letal, ya no sabemos más que hacer, yo estuve hablando con Pancho, así le dicen a francisco y con Marino. En esa charla, que duro como cuatro horas, me entero que Pancho se va a domiciliar en Bernal, perteneciente al partido de Quilmes, yo le comenté que mi hermano se encuentra viviendo en Ezpeleta, también perteneciente a ese partido. Marino no tenía idea a donde iba a parar.
Ahora me encuentro tirado en la cama, alguien entra en el camarote, es uno de los militares diciéndonos que mañana arribaremos en el Puerto de Buenos Aires. De golpe todo lo que antes era aburrimiento, encierro y tristeza se ha convertido en pura fiesta y alegría. El viaje llegaría a su fin.
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